Escapada a Barcelona con niños. Parte 2

Seguimos con nuestra experiencia de visitar una gran ciudad como es Barcelona con niños. Si no leíste la parte 1 del viaje, corre a leerla!

El domingo pensamos un plan que pudiéramos hacer con la peque que aún no hubiéramos hecho, y se nos ocurrió ir al Zoo. Que gran acierto! Es importante buscar algún descuento para entrar, porque el precio es elevado, pero abundan los 2×1, así que merece la pena pensarlo con antelación.

El día era soleado pero fresquito. Llegamos al zoo sobre las 11 de la mañana y casi no había gente, a pesar de ser un día festivo. La peque se lo paso pipa. Aunque es muy pequeñita para recordar todo lo que vio, lleva días hablando de los monos que se hacían cosquillas, del elefante que comía con la trompa, el “bambi” que comía lechuga y saltaba mucho y los leones que no daban miedo porque estaban dormidos.

 

zoo

 

Hay una zona en el zoo que se llama la granja, y que como su nombre indica, hay animales de granja y donde los peques pueden entrar a tocarlos, darles de comer y ayudar a cuidarlos. La pequeña L entró en el recinto de las cabras, muy traviesas ellas, y cuenta con especial emoción que la cabra se le comió la chaqueta! Sin duda una experiencia súper divertida que repetiremos en alguna granja cercana a casa para pasar un día diferente con animales.

 

parque

 

Tras pasar todo el dia en el parque, agotados, salimos por la otra entrada del zoo que da al parque de la Ciutadella y va a parar al Arco del triunfo y el barrio del Born. Este barrio sin duda es de mis favoritos de la ciudad. Tiene un ambiente muy bohemio, con unos locales tanto de tienda como de restauración, súper originales y curiosos de ver. Pasamos por Picnic, que habíamos leído en varias guías que era un sitio ideal para ir a comer con niños. No se cómo será un día a medio día con niños, pero eran las 5 de la tarde y el sitio estaba a tope de jóvenes comiendo/cenando (platos eso si con una pinta!!). No cabía ni un alfiler, y había mesas de todo tipo, altas, bajas, taburetes, sofás, pero vimos bastante difícil entrar ahí con un carrito. Será que no era el momento ideal!

 

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Adentrándonos en el barrio del Born, y tras ver que el museo del chocolate estaba cerrado (para la próxima!) dimos con un mercado de puestos de comida ideal, en una callejuela estrecha, el Mercat Princesa. Nunca te imaginarias el precioso espacio que te encuentras al entrar por ahí! Es digno de ver. Nosotros acabábamos de comer, sino nos habríamos quedado allí un buen rato.

 

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Tras pasear un ratito por el barrio, acabamos de nuevo en los alrededores de la Catedral buscando músicos callejeros para que la peque disfrute de ese ambiente que tanto nos gusta. Estuvimos buscando una librería para niños donde poder comprarle un cuento, pero era un domingo festivo por la tarde, así que la mayoría de sitios estaban cerrados.

Finalmente y con la batería ya en rojo, cenamos en un restaurante americano (de nuevo) esta vez muy cómodo, con la música bajita, con mucho espacio para estar con la peque y con unos precios mucho más aceptables. Se trata del Bernie’s dinner, y tengo que decir que nos encantó. La carta aturde un poco, son de esas que necesitas un rato para leer, pero todo tenía una pinta deliciosa, y el postre fue algo espectacular que si os lo perdisteis en mi Instagram, ir corriendo a verlo. Vaya torre de tortitas!

La parada de metro que nos llevaba directamente al hotel la teníamos justo en la puerta, así que el sitio no nos pudo parecer más ideal (de nuevo con el carro al hombro)

Al día siguiente, recogimos con calma las maletas. Llovía y hacia mucho aire, por lo que decidimos dar un paseo y comer por el centro comercial que hay justo al lado del hotel, el Diagonal Mar. Entramos en alguna juguetería para que L disfrutara un rato, y nos volvimos a casa con un bebe más, que la peque no soltaba ni de broma! Vaya madrecita tenemos!
A la vuelta nos pilló toda la ciclo génesis explosiva justo encima de nuestro coche, y no fue hasta cerquita de casa que dejó de llover, pero llegamos pronto a casa, lo que es todo un acierto para deshacer las maletas y poner lavadoras, y descansar tranquilamente por la tarde para comenzar la semana con calma.

El plan de esa tarde no podía ser mejor, peli de Frozen (“Chochen” para los amigos) y palomitas, no podíamos acabar de otra manera!

Tras este viaje agotador a pesar del plan tranquilo que llevamos, me di cuenta que viajar con niños requiere de una buena planificación, un cambio de mentalidad en cuanto a cosas por ver y sitios a donde ir, que tengo muchas ganas de desarrollar pero tendrán que esperar al buen tiempo. Me quedo con las ganas de mi viaje a Amsterdam los tres en bici por esos canales (lo dejaremos para cuando no haga frio y llueva) y mi amada Londres, que siempre es un placer ir pero con peques, mejor con buen tiempo para no pasar el viaje en museos y centros comerciales con los pies mojados!

Beatriz

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